martes, 1 de septiembre de 2009

contradicciones del ser humano




El otro día voy a una marcha por los derechos de los niños. El objetivo general es que se agilicen los trámites que tienen a miles de chicos en hogares de tránsito, instituciones, etc y que no pueden ser dados en adopción y gozar de una familia, por circunstancias administrativas (si queremos ponerle un título agradable), el tema es largo, lo cierto es que la burocracia es terrible (y cada vez peor) y los niños van creciendo en instituciones que de ninguna manera pueden sustituir a una familia y cuando son "liberados" ya son grandes y disminuyen sus posibilidades de adopción.
La marcha se hacía en la Plaza Libertad de mi ciudad. Cuando llego, (fuí la 3º) me entero que en realidad la vecinal organizaba el festejo del Día del niño (demorado por la supresión de actividades por la gripe A) y a la misma se unían distintas organizaciones, en cooperación a la festividad: varios grupos políticos, el ejército llevando chocolate caliente (hacían inesperados 33º para la fecha, así que de sólo pensar que a los pobres chicos del barrio, con el sol rajante y el viento que secaba hasta el agua de la fuente, le iban a dar algo un poco más que tibio se me estrujaba el alma).

Yo no soy integrante de ninguna de las organizaciones, iba en apoyo a la causa de los niños, por ende me puse a inflar globos, intentar colgar unos carteles, etc. Justo en éste último menester, no contábamos con una escalera para atar uno de los extremos del cartel a un árbol y voy en busca de alguna persona de estatura superior a la nuestra, para que nos ayudara. En eso veo a un muchacho de unos veintitantos años, bastante más alto que cualquiera de nosotras y le pedí ayuda. Él estaba tratando de desenredar un cartel que el viento reinante había enmarañado. En seguida, dejó el cartel y cuando venía conmigo, lo detiene una mujer de unos 50 y tantos años que estaba parada detrás de un cartel (de su propio partido político) que rezaba: SOLIDARIDAD con letras inmensas. Me “agarra del brazo” y me ataja. Luego me increpa diciéndome: “un momento, nosotros tenemos prioridad, porque llegamos después que Uds. Y estamos atrasados!!!!”. El muchacho se detiene, yo lo miro y le digo: “andá, no te preocupes, son dos segundos, y si necesitan que alguien les dé una mano, me quedo yo, acá, junto al cartel que pusieron Uds y que dice SOLIDARIDAD”. La mujer bajó la cabeza visiblemente ofuscada y para cuando el muchacho volvía, yo ya les había desenredado el cartel.

Pequeñas miserias humanas …..mucha pelusa en sus ombligos….y un espejo delante en que solamente ven sus intereses….triste y paradójico a la vez….


La foto corresponde al cartel que finalmente colgamos gracias a la SOLIDARIDAD de un muchacho.